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La tortuga roja

Viernes 29 de julio de 2016, por SIGNIS

Bruselas, 29 de julio de 2016 (Alejandro Hernández P.). Un náufrago llega a una isla desierta, en medio de la naturaleza que lo rodea, el hombre se sume poco a poco en una soledad emocional que lo lleva casi a la locura. En su lucha por escapar de la enajenación emocional y psicológica, el hombre construye balsas para salir de ese infierno paradisiaco; sin embargo, algo se lo impedirá: la tortuga roja.

La tortuga roja es una nueva producción de los estudios Ghibli, una coproducción franco belga en el que el director Michael Dudok de Wit muestra todo su talento para dirigir una película poética, simple y dramática.

En el filme, se conjuga perfectamente realidad y ficción, tristeza y alegría, locura y realidad, naturaleza y cultura, vida y muerte. En fin, es una película que nos hace entender que todas estas aparentemente antítesis forman parte de la vida. Gracias a la tortuga, el hombre encuentra a una mujer y con ella, la felicidad; forman una familia y construyen una historia en el que todos los ciclos de la vida se muestran en medio del silencio.

Es importante precisar que este filme de animación hace alarde de un minimalismo extraordinario que hace del silencio y de los sonidos de la naturaleza un arma poderosa para mostrar la naturaleza (humana). Los instantes en los se oyen sonidos humanos son cuando se pierde (o mejor dicho, se encuentra) la humanidad: rabia y frustración por no poder escapar, miedo por encontrar al padre desaparecido y alegría cuando se ríe con el hijo. En todo caso, tanto hombre como naturaleza están en el mismo nivel pues el hombre ha perdido lo que le diferencia de ella, su cultura: ropa, tecnología y hasta el habla.

El ritmo es lento, pero no por esto deja de haber tensión. En toda la película, se siente la presencia del otro personaje principal, la naturaleza, que siempre estará acechando al hombre y a su pequeñez con tormentas, tsunamis, tortugas, sol, etc.
Otro de los temas que golpea al espectador es el adiós como forma natural de un ciclo, el adiós que significa la partida del hijo o la propia muerte.

La banda sonora es un asunto aparte, es una melodía suave que crea una atmósfera y que intensifica los sentimientos y las emociones, no sólo para el drama sino para la felicidad.

En fin, el final es tan inesperado como dramático y simple. Un final espectacular para una película extraordinaria que golpea y emociona. Un final que nos muestra cuán vulnerable y maravilloso puede resultar el ser humano …y también la naturaleza.

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