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Nuestra pequeña hermana

Jueves 26 de mayo de 2016, por SIGNIS

de Hirokazu Koreeda

México, 26 de mayo de 2016 (Luis García Orso). Tres jóvenes hermanas japonesas que viven juntas, reciben la noticia de que ha muerto su padre, quien las abandonó 15 años atrás. Las jóvenes deciden ir al funeral, en otro pueblo.

En el pueblo donde se realiza el funeral de su padre, tres jóvenes hermanas japonesas conocen a Suzu, la hermanastra de 13 años. Las tres comprenden que ella no tiene la culpa de nada y la invitan a vivir con ellas en Kamakura, en la casa que heredaron de la abuela, pues la mamá también decidió dejarlas cuando sucedió su fracaso matrimonial.

La hermanastra desconocida se convierte de pronto en la hermana pequeña a la que cuidan, quieren, aconsejan, guían, con finos detalles y afecto. El reconocido director Hirokazu Koreeda vuelve al tema de la familia, siempre presente en su filmografía, de la que en México sólo hemos visto "De tal padre, tal hijo" (en 2014).

Aun en una sociedad tan tradicional como la nipona, Koreeda sabe que la familia actual ya no es la misma, y aquí lo muestra con exquisita naturalidad, en un hogar llevado por tres jóvenes hermanas que viven de su trabajo y comparten todo lo que son y tienen. Sachi, la mayor y más seria, es enfermera y trabaja en cuidados intensivos de enfermos terminales; Yoshimo es agente de seguros en un banco y no está tan contenta con sus tareas; Chika, la más joven, es empleada y presume de ser buena bebedora, y Suzu sigue estudiando con gran dedicación y responsabilidad.

Cuatro personalidades muy diferentes que van armando una vida cotidiana en común con la comunicación transparente de sus sentimientos y opiniones, la resolución de sus diferencias y conflictos, la ayuda mutua, el cuidado cariñoso por encontrar y elegir lo mejor para cada una. Una visión muy contrastante para la sociedad actual tan centrada en el individualismo, la indiferencia o la violencia, mientras la película apuesta por la construcción de la vida en el interés por los demás y en el valor de los pequeños gestos cotidianos.

La historia reposa de forma muy agradable y bella en esos gestos, sobre todo los de la mesa compartida. Las cuatro chicas disfrutan al preparar los alimentos y comer juntas, o en las comidas compartidas con amigos o compañeros, o en la fonda donde una cocinera es feliz sirviendo a sus clientes. El licor de ciruelas que preparan las hermanas con los frutos del jardín y la receta de la abuela se convierte en la comunión con el tronco familiar y con lo mejor de las herencias.

Debajo de una película en que aparentemente no pasa nada, corre una corriente de vida, de sentido, de paz, de libertad, como poco directores de cine lo saben encontrar y transmitir. Y aunque la muerte está presente en todo momento –en nuestra existencia y en la película-, la vida resplandece si sabemos ofrecer y acoger algo sencillo pensando en el otro. Es como una gracia inmerecida. Es la vida simple y cotidiana que se vuelve enorme y extraordinaria.

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