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Películas para ver y comentar en el Año de la Misericordia

Viernes 12 de febrero de 2016, por SIGNIS

México, Bruselas, 12 de febrero de 2016 (Sergio Guzmán, S.J.). Del 8 de diciembre de 2015, solemnidad de la Inmaculada Concepción, al 20 de noviembre de 2016, solemnidad litúrgica de Jesucristo, Rey del Universo, celebramos en la Iglesia el Año jubilar de la Misericordia.

Un tiempo propicio para reflexionar, vivir y testimoniar el perdón y el misterio de la misericordia. El Papa Francisco en la Bula Misericordiae Vultus, El rostro de la misericordia, nos dice al respecto: “Hay momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre”. Recomiendo a continuación una serie de películas de diferentes géneros, nacionalidades y culturas que nos pueden ayudar a contemplar el rostro de la misericordia manifestado en historias humanas que tocan el corazón.

En un mundo mejor de Susanne Bier (Dinamarca, 2010, 113 min.)
Ganadora al Oscar a Mejor película de Habla no Inglesa, esta cinta narra la historia de Anton, médico que divide su tiempo entre una ciudad idílica en Dinamarca y un caótico campo de refugiados en África. Abuso, abandono, rabia y deseos de venganza hay en ambos lados. Elías (hijo de Anton) sufre el constante bullying de uno de sus compañeros hasta que otro chico le defiende (Christian). Anton también es golpeado por un mecánico frente a sus hijos y Christian, éste se defiende poniendo la otra mejilla. Christian cree que eso no se puede quedar así y planea con Elías una “venganza” (título original de la cinta). He aquí el dilema de aplicar la ley del talión (“ojo por ojo, diente por diente”) o poner la otra mejilla (cfr. Mt 5, 38-39) que puede ser una forma de enfrentar al agresor y buscar caminos para el perdón, la reconciliación y la paz... y así acceder a un mundo mejor.

Cambio de planes de Pedro Arango (España, 2011, 110 min.)
Unos días antes de la Navidad, Manolo –un hombre de unos 40 años, distanciado de su esposa, con poca comunicación con sus hijos, con una vida más bien decadente y rutinaria- se encuentra en un hospital con Antonio, un chico de 15 años con cáncer terminal. Antonio se sabe enfermo, que va morir; pero tiene mucha vida por dentro... y es la que quiere compartir y contagiar a todos. En esta bella película seremos testigos de cómo entre estos personajes y sus respectivas familias y amigos se va tejiendo una red de misericordia, perdón y generosidad. Resuenan aquí las palabras del Papa Francisco en la Bula Misericordiae Vultus: “Jesús pide también perdonar y dar. Ser instrumentos del perdón, porque hemos sido los primeros en haberlo recibido de Dios. Ser generosos con todos, sabiendo que también Dios dispensa sobre nosotros su benevolencia con magnanimidad” (no. 14).

Amigos (Untouchable) de Eric Toledano y Oliver Nakache (Francia, 2011, 109 min.)
Amigos es una historia de dos hombres –uno, millonario tetrapléjico que depende de un equipo de enfermeros y asistentes para sobrevivir; otro, un inmigrante que acaba de salir de la cárcel y vive de la asistencia pública- que poco a poco, con humor, coraje y sin chantajes, irán rompiendo barreras y superando limitaciones para tener una mejor calidad de vida y descubrir lo que significa ser amigos. Esta película nos puede ayudar a reflexionar sobre la compasión y la verdadera amistad a través del contraste, la complementariedad y la apertura al otro. Por supuesto aquí podemos recordar lo que dice el Eclesiástico sobre la amistad: “Un amigo fiel es apoyo, el que lo encuentra, encuentra un tesoro. Un amigo fiel no tiene precio, es incalculable su valor. Un amigo fiel es medicina para la vida” (Eclo 6, 14-16).

Monsieur Vincent de Maurice Cloche (Francia, 1947, 111 min.)
Esta película –ganadora del Oscar a la mejor película extranjera en 1949- nos presenta la vida de San Vicente de Paúl (1581-1660): sacerdote que dedicó su vida a paliar las miserables condiciones de vida de los campesinos pobres en Francia, sobre todo después de la guerra de la Fronda (1648-1653). Fundador de la Congregación de la Misión y, junto con Luisa de Merillac, de la Compañía de las Hijas de la Caridad. Hombre de fe que asumió el conflicto, la persecución y el rechazo de la gente de la ciudad en su afán de practicar las obras de misericordia: visitar a los enfermos, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, redimir al cautivo, enterrar a los muertos. Una excelente película que nos recuerda que “la fe: si no tiene obras, está completamente muerta” (Sant 2, 17).

Matar a un ruiseñor de Robert Mulligan (E.U., 1962, 129 min.)
En la época de la Gran Depresión, en una población sureña, Atticus Finch (Gregory Peck) es un abogado que defiende a un hombre negro acusado de haber violado a una mujer blanca. Aunque la inocencia del hombre resulta evidente, el veredicto del jurado es tan previsible que ningún abogado aceptaría el caso, excepto Atticus Finch. Actuar con justicia y misericordia le trae muchas enemistades y señalamientos a nuestro protagonista, pero él sigue firme en la defensa. “No será inútil, en este contexto, recordar la relación existente entre justicia y misericordia. No son dos momentos contrastantes entre sí, sino un solo momento que se desarrolla progresivamente hasta alcanzar su ápice en la plenitud del amor”, leemos en la Bula Misericordiae Vultus (no. 20). Clásico del cine estadounidense que no deja de conmovernos y hacernos pensar.

Madre Teresa de Kevin Connor (E.U., 1997, 92 min.)
“La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo. La Iglesia ’vive un deseo inagotable de brindar misericordia’. Tal vez por mucho tiempo nos hemos olvidado de indicar y de andar por la vía de la misericordia” (no. 10), nos dice el Papa Francisco en la Bula para convocar al Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Con la atinada y convicente interpretación de Geraldine Chaplin como Madre Teresa, esta película nos introduce en el corazón y el camino de una incansable religiosa que salió de su convento para buscar, atender y servir a los pobres, enfermos, huérfanos y moribundos en Calcuta y luego en todo el mundo. Madre Teresa nos introduce por los barrios pobres de Calcuta y nos muestra un testimonio creíble de una mujer que vive el amor y la misericordia.

Pena de muerte de Tim Robbins (E.U., 1995, 122 min.)
“El perdón de Dios por nuestros pecados no conoce límites. En la muerte y resurrección de Jesucristo, Dios hace evidente este amor que es capaz incluso de destruir el pecado de los hombres. Dejarse reconciliar con Dios es posible […]. Dios está siempre disponible al perdón y nunca se cansa de ofrecerlo de manera siempre nueva e inesperada”, leemos en la Bula Misericordiae Vultus (no. 22). Basada en el libro autobiográfico de la religiosa Helen Prejean, esta película nos adentra en el Pabellón de la Muerte donde un criminal espera su ejección y una religiosa lo acompaña espiritualmente. El peso del pecado, la pena, el perdón y la misericordia son temas que son llevados a la pantalla con fuerza, dramatismo y compasión gracias a un buen guión y la estupenda actuación de Susan Sarandon y Sean Penn.

Le Havre: El puerto de la Esperanza de Aki Kaurismäki (Finlandia, 2011, 93 min.)
Un hombre que trabaja como bolero en Le Havre (puerto francés que da nombre a esta película) despierta y va creando una red de solidaridad en torno a un chico africano que anda de paso por el puerto y busca llegar a Londres, donde se encuentra su madre. Ante una realidad tan dura como es la migración y la indiferencia, el director explora y comunica lo más noble del ser humano y termina creando una estupenda parábola de misericordia. Pueden resonar aquí las palabras del Santo Padre en Misericordiae Vultus: “¡Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia, para poder ir al encuentro de cada persona, llevando la bondad y la ternura de Dios! A todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros” (no. 5).

Kolya de Jan Sverák (República Checa, 1996, 105 min.)
Louka es un músico que ha sido excluido de la orquesta de Praga por cuestiones políticas, se gana la vida tocando en funerales y reparando lápidas en el cementerio. El encuentro con Koyla, un simpático niño de 5 años, hijo de una joven rusa con quien Louka se casa a cambio de una buena suma de dinero, irá transformando y alegrando la vida de este músico venido a menos. “El amor, después de todo, nunca podrá ser una palabra abstracta. Por su misma naturaleza es vida concreta: intenciones, actitudes, comportamientos que se verifican en el vivir cotidiano” (no. 9), nos dice el Papa Francisco. Que el visionado de esta película –contada con gracia, ternura y algo de ironía- nos ayude a descubrir, a reconocer tantos gestos de amor y misericordia en los protagonistas como en nuestra vida cotidiana.

Todos los caminos llevan a casa
Sang-Woo, un pequeño de 7 años, ha vivido toda su vida en la ciudad. Pero ahora deberá quedarse con su abuela, una mujer sordomuda que guarda bellos secretos en su corazón. Ganadora de varios premios internacionales, esta película es una parábola sobre el amor incondicional: como puede ser el amor de una abuela por su nieto, como es el amor de Dios por nosotros. “En este Jubileo dejémonos sorprender por Dios. Él nunca se cansa de destrabar la puerta de su corazón para repetir que nos ama y quiere compartir con nosotros su vida. La Iglesia siente la urgencia de anunciar la misericordia de Dios […] La Iglesia se haga voz de cada hombre y mujer y repita con confianza y descanso: ’Acuérdate, Señor, de tu misericordia y de tu amor, que son etenos’ (Sal 25, 6)” (no. 25), son dice el Papa Francisco en el último número de su Bula El rostro de la misericordia.

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