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Purgatorio: un viaje al corazón de la frontera

Viernes 15 de abril de 2016, por SIGNIS

Cuba, 15 de abril de 2016 (Alberto Ramos Ruiz). En su documental Purgatorio: un viaje al corazón de la frontera (México, 2013), el director Rodrigo Reyes recorre la zona limítrofe que separa a México de los Estados Unidos de Norteamérica, extenso no man’s land compartida entre ambas naciones.

El narrador, presuntamente el director Rodrigo Reyes, afirma en el prólogo que la separación entre los hombres es el pecado original de la humanidad y que las fronteras son un símbolo material de esa división al cual se opone la imagen de un mar infinito, como una suerte de metafísica de la frontera.

Hay en el título una obvia referencia a la tradición mística y a la literatura (Dante) en la que el Infierno sería un México abismado en la pobreza más atroz, donde la corrupción y la violencia se han erigido en el verdadero poder; el Paraíso, por su parte, correspondería a Estados Unidos y la utopía del sueño americano, en su versión tercermundista, que alimenta las esperanzas del emigrante; el Purgatorio, por lo mismo, vendría a ser la frontera entre ambas naciones, donde los hombres arrastran una existencia penosa en la cual deben expiar sus faltas y ofrecer un sacrificio supremo antes de ganar el Paraíso.

En ese sentido, la frontera sería un campo de fuerzas enfrentadas que en última instancia se asumen como expresiones del conflicto entre el Bien y el Mal sugerido desde el título. Semejante polarización queda documentada en varios niveles, aunque son las historias personales de los entrevistados, así como la exploración del paisaje a través de largos y minuciosos desplazamientos de la cámara, los que en mayor medida sirven de fundamento al discurso.

Una vez rebasada la línea fronteriza, les esperan gestos de misericordia, como las provisiones de agua que dejan los Samaritanos de Tucson, pero también de hostilidad, como el acoso de los Minutemen. Para redondear esta representación casi distópica de la frontera, la cámara explora diversos espacios asociados a la idea de abandono y decadencia, como ciudades fantasmas, cementerios, basureros y depósitos de autos. Algunos de estos, como el OK Corral Museum y el Titan Missile Museum, son auténticas reliquias de un pasado donde mito e historia, asimilados a una cultura de la muerte, dialogan febrilmente ante la indiferencia del visitante.

Junto a ello, sin embargo, la gigantesca X de metal que simboliza la identidad mestiza del mexicano brota junto a una frontera que, por definición, se empeña en diluirla o negarla. Signos de esperanza y resistencia cuya imagen más elocuente se localiza en la secuencia de cierre del documental.

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