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Y el Oscar es para…Historia de un oso

Viernes 11 de marzo de 2016, por SIGNIS

Bruselas, 11 de marzo de 2016 (A.H/SIGNIS). En la última entrega del Oscar, el corto metraje “Historia de un Oso” se llevó la máxima presea. Primer Oscar en la historia chilena pero un logro para el cine latinoamericano. En el agradecimiento, el director del corto metraje, Gabriel Osorio, afirmó haberse inspirado en una historia real: la de su abuelo.

En 10 minutos el cortometraje consigue atrapar al espectador con una historia muy simple, pero para nada banal, una historia con una fuerte carga emocional que crea un ambiente dulce, tierno y familiar para relatar una historia de violencia y crueldad en la sociedad chilena: la dictadura.

"Historia de un Oso" relata la cotidianidad de un vendedor ambulante que ha perdido a su familia a causa de la dictadura, un hombre (u oso) que crea una caja de cine para niños y a los que cobra unas cuantas monedas para ver su “historia”. En ella relata, su propia tragedia coloreándola para que parezca las más bellas de las películas. Como muchos chilenos en la época de la dictadura, el hombre (u oso) es apresado.

En esta historia la cárcel es remplazada por el circo, un espacio donde moran seres infelices que han perdido su libertad. Todos anhelan escapar, sólo él se atreve, arriesgando su vida, huyendo con el único propósito de rencontrarse con los que más ama; sin embargo, lo que más conmueve es la propia “felicidad” del oso a pesar del triste final.

La historia podría perder su sensibilidad si se pareciese a la realidad, si se utilizaran personajes reales. El director recurre a los dibujos animados y a la humanización de animales para contar un periodo muy triste, no solo en la historia chilena y latinoamericana.

La genialidad del director radica en que no recurre a la sensiblería, sino a un correcto uso de los elementos cinematográficos para contar de forma objetiva la realidad. En esto, la música juega un papel muy importante pues mediante ella, nos hace retroceder a nuestra infancia al evocar los sonidos de las cajas de música.

El escenario nos recuerdo a un paisaje destrozado por las industrias y por las fábricas que, supuestamente, son símbolo de progreso en las sociedades. Un paisaje sembrado de edificios grises y calles abandonadas, en las que lo único que proporciona color son los osos humanos.

Es un film sencillo, dulce, tierno y extremadamente conmovedor como un cuento para niños.

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