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Radio Wa, la emisora ugandesa que salvó a 1.500 niños soldado

Miércoles 2 de diciembre de 2015, por SIGNIS

Kampala, Bruselas, 2 de diciembre de 2015 (SIGNIS/Hoy). Entre las decenas de periodistas que informaron desde el terreno de la misa que el papa Francisco presidió en el santuario de los mártires de Uganda en Namugongo, a las afueras de la capital (Kampala), podía distinguirse por sus chalecos a los reporteros de Radio Wa.

Esta emisora del norte del país cuenta en su hoja de servicios con un logro admirable: gracias a uno de sus programas consiguió la recuperación de 1.500 niños soldado que habían sido raptados y combatían en las filas del Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por sus siglas en inglés), el grupo armado liderado por el fanático Joseph Kony que firmó un acuerdo de paz con el Gobierno ugandés en 2008.

«Cuando había mucha efervescencia en la zona por las acciones del LRA empezamos un programa especial pensado para animar a los niños soldados a que dejaran las armas y volvieran a sus casas», cuenta el jiennense Alberto Eisman, director de Radio Wa, emisora católica nacida en 2001 con el impulso de la diócesis de Lira, al norte de Uganda.

El programa, llamado ’Karibu’ (’Bienvenido’, en suajili), emitía mensajes de parientes y amigos de los pequeños que habían sido secuestrados por el LRA y enrolados a la fuerza en sus filas. Trataban de que superasen el brutal trauma provocado por el grupo criminal liderado por Kony y se animaran a regresar a sus casas.

Para intentar garantizarse la lealtad de los críos, algunos de los cuales eran secuestrados cuando tenían poco más de diez años, los guerrilleros elegían a un niño y obligaban al resto de los chavales de su mismo pueblo a que lo mataran con sus propias manos. Los pequeños quedaban así marcados: temían que si volvían a casa les echarían en cara el crimen que les habían obligado a cometer.

«En ’Karibu’ emitíamos mensajes en los que, por ejemplo, un tío le decía a su sobrino al que habían secuestrado: ’Vuelve a casa, te echamos de menos y te queremos mucho’. También contábamos testimonios de antiguos niños soldado que habían dejado el LRA y explicaban que nadie se había vengado de ellos», recuerda Eisman.

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