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La lengua de las series de TV

Miércoles 23 de diciembre de 2015, por SIGNIS

Sevilla, Bruselas, 23 de diciembre de 2015 (El Mercurio/SIGNIS).- La revista española Mercurio publicó en su número de diciembre de 2015 artículos sobre las series de televisión pues son paradigmáticas de nuestro momento histórico; su lenguaje narrativo permite una lectura sociológica del siglo XXI.

El editorial presente el tema y explica que, hace ya algún tiempo tanto los críticos como los aficionados sostienen que buena parte del mejor cine actual está asociado a las series televisivas —aunque la televisión no sea ya el único medio de difusión para los espectadores de la era de Internet— que en algunos casos se han convertido en verdaderos fenómenos. Si hasta ahora se hablaba de la influencia del lenguaje cinematográfico en la literatura contemporánea, la eclosión de las series y su creciente prestigio han introducido nuevos códigos o referentes que han dejado huella en el imaginario de los creadores de ficciones y ensayistas, interesados por el poder de seducción de las narrativas audiovisuales cada vez mayor entre los fans de ficciones a secas.

En las series televisivas, la unidad ha rebasado el episodio para abarcar la temporada, pero en todo caso es su carácter abierto —hablamos de literales works in progress— lo que las distingue de las obras acabadas, que se ofrecen desde el principio como tales y no pueden beneficiarse, al contrario que aquellas, de una respuesta que a veces condiciona su desarrollo. Muchas de las series, digamos, clásicas, están vinculadas a recuerdos de infancia o adolescencia y sirven por ello para establecer complicidades generacionales que también pasan a la literatura.
Manuel Vilas en su artículo "La casa de la pradera era una segunda residencia" confiesa que ésta cambió su percepción de la realidad e incentivó su imaginación pues se complacía en pensar lo que hacían sus personajes predilectos entre episodio y episodio.

Uno de los profesionales de ese mundo, el también novelista Miguel Sáez en "Un hombre de televisión", comparte con los lectores la experiencia de adaptar una obra propia al medio televisivo, que a su juicio tiene —por la duración del metraje— un potencial mayor que el cine para contar historias. El trabajo de los guionistas se inscribe en una cadena de la que forman parte muchos otros eslabones, pero a menudo la inspiración viene de una novela preexistente; no pocas de las series más populares así lo demuestran.

En su reportaje "Del papel a la tele (y viceversa)" sobre el trasvase de formatos, Héctor Márquez recoge algunas de ellas —tanto nacionales como foráneas, aunque la globalización del género tal vez haya hecho de la procedencia un dato superfluo— y deja asimismo constancia del camino inverso, señalando la creciente bibliografía sobre series que en ocasiones alcanzan el estatuto de obras de culto.

Nuestra época, afirma Ernesto Pérez Zúñiga en "Los héroes revisados", extraña a los héroes, pero éstos, encarnados por los seres de ficción ya no tienen las trazas ejemplares de los mitos tradicionales asumiendo las debilidades que conviven con las virtudes en los individuos reales. El espectador contemporáneo necesita reconocerse en unos personajes que resultan más conmovedores y verosímiles cuanto mayor sea su complejidad. Huye de los estereotipos y prefiere verse reflejado en las criaturas falibles o contradictorias que, como ocurre en la vida misma, no son buenas o malas a tiempo completo.
Para leer estos artículos, haga clic aquí.

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