Londres, 11 de mayo 2009 (Peter Malone) - Nada menos que lo que todos han estado esperando: ¡otra película basada en una novela de Dan Brown!

Sin embargo, al conocerse que la reseña de L'Osservatore Romano después de la premiere de la película en Roma decía que la película era comercial y entretenida, y que Ron Howard había hecho un thriller eficaz (¡aunque la reseña también sugería que podría ser un buen juego mental, a realizar mientras se mira la película, dedicarse a detectar los errores!), quedó claro que se había enfriado cualquier posible controversia. El Departamento de Cine de SIGNIS respaldaría ciertamente la conclusión del crítico de L'Osservatore de que la película constituye “...dos horas de espectáculo inofensivo...” y no un peligro para la Iglesia.

De no haber existido El Código Da Vinci (novela, película y controversia), entonces Ángeles y demonios se habría reseñado probablemente como una superproducción más, un thriller catastrofista de misterio con unas discusiones sobre la Iglesia y la ciencia en el Vaticano (con unos decorados de aspecto bastante auténtico), en las que se trata a la Iglesia católica más bien respetuosamente. (Hay referencias a la persecución de científicos en los siglos XVI y XVII, que fue a veces inquisitorial - y está documentada; la prisión no fue fácil para Galileo.) Hay especulaciones sobre una sociedad secreta de científicos, los Illuminati, que parecen ser un equivalente a la masonería.

Ángeles y demonios se escribió unos años antes de El código Da Vinci y es un libro mejor escrito, aunque no pasa de ser una de esas adictivas “novelas para aeropuertos”. Como ocurre con muchas novelas históricas (el propio Shakespeare era dado a crear escenarios “históricos” que tenían más de invención que de hechos comprobados), el escritor se toma licencias imaginativas con los personajes, los acontecimientos y las hipótesis: ¿y qué pasaría si...? Pero mientras que la novela Ángeles y demonios tiene un personaje que parece hacer un giro de 180 grados en su talante y comportamiento, que hace bastante absurdo el realismo psicológico del libro, en la película se profundiza menos en las explicaciones sobre este personaje y, por tanto, la revelación se convierte en un giro cinematográfico que, pese a ser ridículo, es algo más creíble, por lo menos en relación con la trama, ya por sí misma inverosímil.

Ron Howard no obtuvo permiso para filmar en el Vaticano, pero los decorados de la Capilla Sixtina, los interiores de San Pedro, los archivos del Vaticano, resultan todos muy convincentes y fueron comentados muy favorablemente por el crítico de L'Osservatore Romano. Las escenas del reactor del CERN son muy impresionantes.

El punto clave sobre Ángeles y demonios es su tema eclesial: Iglesia y ciencia, conflictos del pasado, el desafío actual, referencias a las recientes discusiones en el Vaticano sobre evolución y creación, el encuentro, en vez del antagonismo, entre ciencia y religión. No es un tema difícil, cuando uno piensa en Galileo y en la disculpa del papa Juan Pablo II en el año 2000. Lo cual significa que aquí los temas centrales no son tan amenazadores u ofensivos como la hipótesis de El código Da Vinci con su relación entre Jesús y María Magdalena y sus descendientes.

El día antes del preestreno de Ángeles y demonios en Londres, el canal 5 exhibió la película El cuerpo, que anduvo de aquí para allá hace varios años sin que provocara demasiada angustia o siquiera discusión. En ella, Antonio Banderas interpreta a un jesuita de Roma que va a Jerusalén para examinar unos huesos encontrados en lo que podría haber sido la tumba de Jesús, lo cual amenazaría la comprensión tradicional de la resurrección. Hay numerosas novelas y películas que suscitan cuestiones de este tipo como elementos de interés y entretenimiento, sin que las propongan como teología.

La controversia sobre El código Da Vinci, libro y película, atrapó indudablemente a gente de todas partes del mundo, a juzgar por el número de libros vendidos y la cifra multimillonaria de lectores. La conexión con el Opus Dei también contribuyó en parte al furor.

Sin embargo, esta vez, con sólo el tema de la ciencia y la Iglesia (más el asunto de la antimateria y su potencial para la destrucción masiva en las manos equivocadas) y con el propio Vaticano que llama a Robert Langdon (Tom Hanks) para solucionar los problemas, el potencial para una polémica es limitado. Como ocurrió con el guión para El código Da Vinci, se ha insertado material más favorable a la Iglesia. Langdon recuerda al Vaticano que, a pesar de la controversia previa, lo han llamado esta vez. Hay expresiones respetuosas en relación con la fe y la no creencia -¡y un pedido final del cardenal Strauss a Langdon para que escriba amablemente sobre la Iglesia!
Un asunto clave antes del estreno de ha sido el de promover la controversia sobre la película antes de que se haya visto, un tipo de protesta que socava la credibilidad de quienes protestan.

Cualquier controversia y protesta sobre una película son un desafío para que la Iglesia considere cómo responde. Los comentarios del Vaticano, a cargo del P. Federico Lombardi apagaron un tanto el fuego de la potencial polémica con un toque de humor improvisado: que él diría algo de la película si los cineastas compraban 1000 suscripciones por 10 años a L'Osservatore Romano. Sin embargo, algunos periódicos italianos empezaron a comentar que funcionarios del Vaticano posiblemente habrían criticado la película unos meses antes. Esto generó titulares en los medios acerca de que el Vaticano se opondría o que ya se estaba oponiendo a la película. Y los publicistas deben haber estado diciendo oraciones de acción de gracias, porque estos rumores ya les estaban haciendo una parte de su trabajo.

En el mundo católico, no obstante, la principal protesta ha venido de William Donahue, presidente de la Liga Católica en los Estados Unidos. Igual que hizo con El código Da Vinci y La brújula dorada, Donahue publicó listas de los errores del libro y dijo que eran un insulto a la Iglesia. Se afirmaba que tenía un contacto en el set de Ángeles y demonios , un sacerdote canadiense, vestido con ropa de calle, que informó que el director Ron Howard y miembros de su equipo de producción tenían expresiones anticatólicas. Sobre esta base, y espoleadas por un periodista indio que tiene vínculos con la Liga Católica, se hicieron procesiones de protesta en la India y Taiwán. Muchos de los errores y los supuestos insultos a la Iglesia que figuran en la lista de la Liga Católica no están en la película.

El publicista de Ron Howard (o Howard mismo) tuvo una salida chispeante, afirmando que William Donahue debe ser un hombre de la fe porque cree sin ver. Y que Donahue y él estaban de acuerdo - en que Ángeles y demonios es una ficción. Hubo informaciones acerca de algunos comentarios ácidos de los productores sobre la negativa vaticana a autorizar las filmaciones en el Vaticano y en partes de Roma, pero también se citó muchas veces a Tom Hanks y a Ron Howard diciendo que la película no era anticatólica y que el Vaticano la disfrutaría (como parece haber sido el caso con la reseña). La respuesta de Donahue fue que Howard estaba “alucinando”.

Este tipo de cosas (que puede no durar mucho más debido a los comentarios favorables de L'Osservatore) indica que hay una profunda diferencia entre responder a una película, o a cualquier cosa que constituya un reto, desde un punto de vista “educacional”, que conduce al diálogo, y hacerlo desde un punto de vista de “cruzada”, que conduce a una polémica de dos bandos, con antagonistas que más bien disfrutan la experiencia de combatir en una cruzada. El diálogo puede llevar a algo, pero la polémica no va a ninguna parte, como no sea confirmar a los antagonistas en sus posiciones y actitudes e introducir el lanzamiento de invectivas que de ninguna manera reflejan la caridad y la paz de Cristo.

¡La (buena) noticia es que Dan Brown ha terminado otra novela de conspiración, La clave perdida, y ya están previstas su publicación y adaptación al cine!

Ángeles y demonios: una reseña

De mayo a agosto en el hemisferio del norte hay primavera y verano, que son época para el lanzamiento casi semanal de superproducciones con presupuestos enormes, acción y efectos especiales, y el potencial para obtener grandes ingresos de taquilla. Este año 2009 ha visto Wolverine y Star Trek, seguidas por Ángeles y demonios, con Una noche en el museo 2, Transformers 2 y Terminator Salvation en perspectiva.

He aquí una trama catastrofista, misterio detectivesco y thriller de acción, con un elenco liderado por Tom Hanks como el simbologista Robert Langdon y Ewan McGregor como el Camarlengo del Vaticano, y un elenco internacional que interpreta a científicos, policías, obispos y cardenales.
Ángeles y demonios , a diferencia de la película El código Da Vinci, es ágil. La reseña de L'Osservatore Romano hace referencia a la dinámica dirección de Ron Howard. La misma reseña la calificó como “comercial”, además de notar que era un “espectáculo inofensivo” y no un peligro para la Iglesia.

De hecho, la película trata la Iglesia de un modo bastante interesante: las escenas tras un cónclave y dentro del cónclave, los refinados decorados de la capilla Sixtina, los interiores de San Pedro, el Castel Sant'Angelo, la Necrópolis del Vaticano, el cuartel de la Guardia Suiza, los archivos del Vaticano y varias iglesias con obras de Bernini. No dañará el turismo a Roma o al Vaticano, más bien todo lo contrario.

Ciencia y religión son aquí la cuestión. Hay algunas escenas muy impresionantes del CERN en Suiza, donde se recreó el Big Bang en 2008. Dan Brown, cuando escribió esta novela muchos años antes, postuló que esta explosión y la formación de antimateria podrían utilizarse como una amenaza terrorista en Roma. Se exponen argumentos sobre el historial de la Iglesia al perseguir a científicos en los últimos siglos, especialmente Galileo, con algunos interrogatorios y torturas inquisitoriales. El material sobre los Illuminati, la sociedad clandestina de científicos, tiene alguna base, pero nunca fue tan amplia como se especula aquí - una especie de hermandad masónica de científicos. (Aparecieron en la primera película de Lara Croft sin que nadie lo considerara controversial.)

Uno de los asuntos que enfrenta el cónclave en la película es el de “la Iglesia en el mundo moderno” de cara a la ciencia: actitudes de diálogo que hablan de un encuentro entre las ideas de la ciencia y la teología, actitudes extremistas que hablan de capitulación de la religión ante la ciencia y la consiguiente ruina de la Iglesia - y la posibilidad de que este tipo de posición fanática pueda convertirse en una cruzada violenta contra aquellos que defienden puntos de vista más moderados y conducir a lo que pudiera etiquetarse como “terrorismo eclesiástico”.

Oh, el relato tiene tantos hoyos en la trama que no vale la pena pensar en ellos, además de que la acción es tan rápida que uno prácticamente no tiene tiempo de seguirles la pista. Así las cosas, o se irrita uno por los errores en las fechas y cifras históricas, y se sube por las paredes por la falta de la coherencia en el curso de los acontecimientos o, como también hace uno, suspende voluntariamente la incredulidad y disfruta la acción por lo que es, un thriller barato montado lujosamente.