Locarno, 20 de agosto de 2018 (Anna Piazza). La 71 edición del Festival de Cine de Locarno - un festival que quiere distinguirse en el panorama internacional, según las mismas palabras de su presidente Marco Solari, por “la independencia y la libertad” – estuvo marcada por obras en las que los directores abordaron los temas de la religión por un lado, y la mujer por otro, ahondando en este últmo caso en historias de sinceridad y de emancipación.

Aunque el Leopardo de Oro haya sido asignado a una joven promesa del cine de Singapur, Yeo Siew Hua, por una película excelente tanto por el estílo como por las problemáticas sociales destacadas, es notable que una película como SIBEL haya llamado la atención de diferentes jurados independientes. Entre ellos, el Jurado Ecuménico decidió conferir a la obra de del francés Guillaume Giovanetti y de la turca Çağla Zencirci, un premio con una dotación de 20.000 francos suizos, con el objetivo de apoyar la distribución de la cinta en Suiza. La película, que narra la historia de Sibel, una joven mujer que vive en una comunidad en la región del Mar Negro en Turquía, se centra en la dialéctica entre el camino de madurez de la protagonista y las estructuras tradicionales y a veces ancestrales que caracterizan a su pequeño pueblo. Así, ofrece una potente imagen de una joven que, atreviéndose a desafiar a un sistema patriarcal, deviene paradigma y ejemplo de libertad y dignidad.

Otra película digna de mención es la cinta canadiense DIANE, obra de Kent Jones, director del Film Festival de New York. Esta película en particular, aunque no haya recibido del publico ni de la crítica la atención que probablemente merecía, parece resumir las dos tendencias citadas de esta edición del Festival, la historia de una mujer y la importancia -si no de la religión- de los valores espirituales. La cinta se centra en el viaje interior de Diane, que en las últimas etapas de su vida, teniendo que afrontar la soledad inevitable de la vejez, empieza un descubrimiento de sí misma y del significado de las cosas, también gracias a la experiencia de la culpa y del perdón. Una película profunda y delicada, a la que el Jurado Ecuménico quiso conferir una mención especial.

Otras mujeres fueron protagonista de esta septuagésimo primera edición: en la película ALICE se pone en escena la historia, más bien dramática, de una joven adolescente que, tras quedarse embarazada, se ve obligada a enfrentarse a una experiencia que, aunque potencialmente magnifica, se convierte en una auténtica tragedia debido a su inmadurez. A pesar de la crudeza de la cinta, el Jurado Oficial del Festival decidió asignar a la nueva promesa Andra Guţi el Leopardo a la mejor interpretación femenina, queriendo quizá valorar la energía que desprende este joven personaje.

Por último, queremos mencionar YARA, obra del cineasta iraní Abbas Fahdel. Esta película, que se centra en la historia de amor entre una chica que vive en un remoto pueblo de las montañas libanesas y un joven extranjero, es una admirable representación de un paraíso perdido, donde el tiempo parece haber parado. En este trasfondo, el espectador es introducido en el flujo natural de una vida sencilla, donde, justo por su simplicidad, pequeños eventos o experiencias resplandecen en su verdadero valor: la espera, la dedicación, el afecto; y, no en último lugar, la nostalgia por el lento desaparecer de una comunidad donde la religión, según las pequeñas huellas que nos dona el director, todavía era centro y cohesión de la vida de cada día.

El tema de la religión es central en otras películas, como FIRST REFORMED de Paul Schrader, protagonizada por un excelente Hetan Hawke, recibidor, no por causalidad, del Excellence Award, conferido cada año por el Festival a personajes destacados del cine mundial. First Reformed, recordando al estílo de Bergman y Bresson, pone en escena la sorprendente historia de pasión de un cura, capaz de atrapar y mover el público. También MENOCCHIO, película ambientada en el siglo XVI, propone explícitamente un argumento religioso, en concreto la llamada herejía de un molinero, su lucha por la libertad  religiosa y su drama personal. Por último, queremos mencionar el logrado documental #FEMALE PLEASURE de Barbara Miller, donde la directora acompaña y describe la vida de cincos mujeres de diferentes culturas, incidiendo en su lucha para la libre expresión de su sexualidad feminina y una convivencia justa y llena de respeto con los representantes del otro sexo, destacando también el papel de las distintas religiones a ese respecto.

Concluyendo, podemos afirmar que esta edición del Fesival ha sido una edición bajo el signo de la libertad, de la expresión, del drama personal y de la búsqueda religiosa, que esperemos no dejará de dar sus frutos en el tiempo.