Amiens, 29 de noviembre 2013 (María Teresa Teramo) - Cada año se suceden cientos de festivales de cine en el mundo entero. Cada festival como su nombre lo indica es una fiesta en la que se reúnen productores, realizadores, guionistas y gran cantidad de público amante del cine.

Un festival es un entrecruzamiento de miradas sobre la humanidad, sobre este mundo de hoy o de ayer, o por qué no del futuro, en el caso de la ciencia ficción. Miradas cuestionadotas, miradas apacibles, miradas profundas y otras, a veces, superficiales. Todas válidas en cuanto portadoras de una identidad, una cultura, una visión del mundo. El cine precisamente mira y nos mira, nos enfoca -o desenfoca- la mirada sobre la realidad cotidiana, dolorosa para algunos, feliz para otros... Un festival de cine más que otra cosa es pues una excelente oportunidad de encuentro, de comunión, de celebración de la vida.

El Festival International du Film d'Amiens, cuya 33º edición se celebró del 8 al 16 de noviembre pasado, es un festival abierto a todo el mundo. Por eso mismo permite tomar el pulso a la producción cinematográfica mundial. Su condición de "Internacional" es patente. Este año logró reunir más de 300 películas provenientes de diversas culturas y 60.000 espectadores frecuentaron las funciones durante esos días a sala llena.

Las películas en competencia durante el Festival de Amiens fueron 8 largometrajes y 12 cortometrajes. Entre los primeros se observa cierta constante de tedio ante un mundo que no satisface a los protagonistas.

En A Gente (Brasil, 2013, 90'), el cineasta brasileño Aly Muritiba, describe la vida cotidiana en una prisión, desde el punto de vista de los guardias: un ambiente laboral complejo, lleno de tensiones y riesgos. La película forma parte de una trilogía sobre el mundo carcelario, en la que el realizador explica parte de su experiencia cuando trabajó durante 7 años en un centro de estas características. El protagonista aquí es Jefferson Walkiu, nuevo superintendente del equipo Alpha en una prisión brasileña con más de 900 reclusos. Debe desarrollar un trabajo peligroso, por la actividad de las organizaciones criminales de dentro y fuera de los muros de la prisión, mientras que los guardias están mal equipados. Walkiu establece una serie de normas para profesionalizar su departamento: mantiene conversaciones con los reclusos, los empleados y sus superiores, pero el sistema mismo de prisiones está diseñado en su contra y termina decepcionado y furioso, relevado de su cargo. En cierta medida relata la soledad de un hombre, con las mejores intenciones, inmerso en un sistema imposible de cambiar.

La segunda película en competencia fue Bobo (Portugal, 2013, 80') de Ines Oliveira. Sofia, la protagonista, también se halla sola, aprisionada, pero en una cárcel diferente: su propia casa, su pasado, sus recuerdos trágicos. Un día suena el timbre en casa de Sofía y entra Mariama, originaria de Guinea, que dice haber llegado enviada por la madre de Sofia para ayudar en las cosas de la casa. Sofia suele refugiarse en un cuarto de bebé y cree tener que cuidar a un niño. Mariama lleva al departamento a una pequeña, llamada Bobo, a la que quiere apartar de su abuela. Sofia se adentra en ese mundo de tradiciones africanas de la mano de Mariama y visita a un curandero que trata de liberarla de su pasado, la muerte de su hermano, los fantasmas que la rodean. Se trata de una película de universo femenino en la que el hombre está ausente y la mujer está alienada.

El cóndor pasa (Corea del Sur, 2012, 101') cuenta con un protagonista insatisfecho, solo, también aprisionado pero en la cárcel de su religión. Park es sacerdote en una iglesia coreana e inmerso en el tedio de la rutina cotidiana encuentra cierta felicidad junto a un colegiala a quien suele retener más tiempo en el salón parroquial para traducir la Biblia. Un día, en que él está ausente porque fue a visitar a su padre moribundo, y la joven sale de noche de la iglesia, ésta es brutalmente atacada y asesinada. Park siente una profunda culpa y tristeza. Entabla una relación con la hermana de la colegiala y vive un romance con ella, pero descubre que tampoco le satisface esa vida. En busca de perdón, parte de Corea hacia Perú para visitar a un amigo sacerdote con quiere confesar sus pecados. Con una trama previsible, una mirada triste y amarga -y muy poco verosímil-, este film de Jeon Soo-Il parece desconocer lo más elemental de la religión católica: el amor y la libertad, aunque podría vislumbrarse cierta esperanza al final en el valor de la amistad.

México ofreció en competencia La vida después (2013, 90') de David Pablos. Este film nuevamente pone al espectador frente a personajes solos, prisioneros de una vida que no buscaron ni quieren llevar pero de la que no pueden escapar. Los temas de la película giran en la pérdida de los lazos familiares, la ruptura fraterna, la ausencia materna, el suicidio de un padre, la soledad llevada al extremo: el desamparo. El realizador cuestiona la institución familiar, donde no hay lugar para la comunicación y mucho menos la comunión entre los miembros de una familia, especialmente cuando desaparece la madre. Más que la irremediable sensación de vacío, es la imposibilidad de acceder al otro lo que define el carácter de los personajes que diseña Pablos. Largos silencios innecesarios, planos cerrados, dan un ritmo cansino, tedioso a la historia que si bien reflejan la sensación de los protagonistas, cansan al espectador. En sí, la película es una especie de road movie en el que el argumento se desarrolla a lo largo del viaje que emprenden dos hermanos, Samuel y Rodrigo, en busca de su madre que desapareció de la casa sin previo aviso. Los paisajes desérticos que atraviesan, la hostilidad por parte de algunas personas con quienes se encuentran se corresponden al estado de ánimo de los protagonistas.

Leçons d'harmonie (Uroki Garmoni, Kazakhstan,2013, 115'), del realizador Emir Baigazin, relata la vida estudiantil de Aslan, un joven de 13 años que habita junto a su abuela en una pequeña ciudad rural (el personaje de la abuela es olvidado por el realizador en la sucesión de la trama donde el adulto está prácticamente ausente). Aslan es humillado por sus compañeros tras una prueba médica. Bolat, el líder de la pandilla estudiantil prohíbe a todos hablar con él. La violencia psíquica y física que incluso emplea este líder contra los estudiantes que no le obedecen va transformando el carácter de Aslan, que comienza a desarrollar un comportamiento extraño: caza cucarachas y las tortura hasta que mueran (vale recordar que el término cucaracha en francés: “cafard”, viene del árabe “kafir” y significaba “renegado”, “infiel”). Cuando llega de la ciudad otro joven que se le acerca en busca de amistad sincera, se mantiene desconfiado aunque solidario. Pero ambos son detenidos, tras la muerte misteriosa de Bolat. La violencia en la escuela da paso a la violencia en la cárcel de menores. La película no termina de manera optimista ya que las estructuras del crimen permanecen por sobre la vida de las personas.

Of hoses and men (Hross I Oss, Islandia, 2013, 85') opera prima de Benedikt Erlingsson sorprende con una magnífica fotografía. Se trata de un film coral en el que pequeñas historias de vida se entrecruzan en la geografía islandesa de un pequeño pueblo donde los caballos son tan protagonistas como los hombres. El realizador cuestiona con cierta ironía la superioridad humana sobre las bestias. La película entrelaza las diversas historias con los ritmos cotidianos de trabajo en el campo, las rivalidades pueblerinas, el ineludible temporal de nieve, lo inexorable de la muerte. Muestra como cada uno es artífice de su destino a través de esas pequeñas decisiones diarias insignificantes. Y tal vez en ello, según el realizador, radica la superioridad del hombre sobre los animales.

Les rencontres d'après minuit (Francia, 2013, 91'), primer largometraje de Yann González, más que una película es una pieza de teatro llevada al cine en ritmo monocorde, cuyos personajes, estatuarios, sin acción, se manifiestan en largos discursos que pretenden ser poéticos. Todo sucede en un departamento, donde habita una pareja con una sirvienta travesti; los tres esperan la llegada de ciertos invitados para mantener una orgía. Un mundo onírico plagado de erotismo y egoísmo donde cada personaje vive encerrado en sí mismo. La estética de la película, rompedora en el lenguaje cinematográfico, trasluce el ímpetu desmitificador y cínico de la mirada del realizador.

When I saw you (Lamma Shoftak, Palestina/Jordania, 2012, 97') de la realizadora jordana Annemarie Jacir, quien también realizó el guión y la edición de la película, se llevó por unanimidad el premio SIGNIS en Amiens. Las razones son varias: por la calidad técnica del sonido y la fotografía, particularmente medida y puesta al servicio de una historia bien contada que evita los clichés políticos; por un drama humano contemporáneo evocado con sugestión sin recurrir a mostrar la violencia física; por un lenguaje cinematográfico fluido, claro, bien construido que lleva al espectador hasta el final del film de manera entretenida con buen manejo del ritmo; por sus valores humanos y cristianos: la libertad, el amor, el coraje, la fortaleza en un mundo adverso... La película destaca sobre todas las restantes de competición porque guarda un mensaje positivo y esperanzador.

Jacir, con anterioridad obtuvo en Cannes 2008, el premio “Una cierta mirada” por un film anterior: La sal de este mar, en el que también aborda el conflicto en medio oriente. Con When I saw you, la realizadora se remonta a los hechos bélicos de 1967, para componer un film comprometido pero sutil que cuenta el amor de una madre hacia su hijo, Tarek, de 11 años. Ambos se hallan forzados a vivir en un campo de refugiados. La realizadora palestina utiliza como recurso expresivo la mirada inocente de un niño para preguntarse y preguntarnos sobre la cuestión del imposible retorno a los orígenes. Deseoso de escapar de la mirada sobre protectora de su madre, Tarek parte en busca de su padre que ha desaparecido. Este deseo lo llevara a vivir en un campo de combatientes. La película más que centrarse en la guerra, nos pone la mirada en el conflicto familiar, la relación madre-hijo, hijo-padre y trasmite un fuerte humanismo comprometido.

Esta película a la que SIGNIS otorgó el premio mayor fue la premiada también por el “Público” que en cada festival tiene derecho a votar por la película preferida entre las que se hallan en competencia.

El jurado SIGNIS otorgó también una Mención especial al cortometraje Vikingar de Magali Magistry (Francia, Islandia). "Por su calidad formal y estética; por la originalidad del tratamiento temporal; por la dirección de actores en una lengua y cultura que no le es propia; por el aire poético que se desprende de este cortometraje; y por los valores como el sentido del honor, la importancia de la tradición familiar, la transmisión paterno-filial."
Había una vez, una Islandia... donde los vikingos debían librar sangrientas luchas entre diferentes clanes para vivir y sobrevivir en su medio y para hacer valer su honor y estirpe. En nuestros días, las luchas pueden ser tan fuertes como aquellas pero los combates son más bien interiores, requieren sí de la fuerza pero de una fuerza profunda para sobrellevar situaciones dolorosas de la vida cotidiana.

Integraron el jurado SIGNIS la Dra. Aurore Renaut (Francia, profesora en Paris III Sorbone), Mario Durando (Italia, Director del Centro Televisivo de Torino), Edourd Huant (Francia, profesor de Liceo), Emmanuel Tagnard (Suiza, periodista) y la Dra. María Teresa Teramo (UCA Argentina).

Además de las competiciones, Amiens ofreció un ciclo especial de Neorrealismo italiano "L'autre néoréalisme", una retrospectiva sobre el cine de Oklahoma, un homenaje a la obra de Gérard Blain presentada por su hijo presente en el festival, una retrospectiva de Cine de Sudáfrica y otra sobre cine mexicano. Asimismo se realizaron homenajes a grandes realizadores contemporáneos que asistieron e impartieron en el marco del festival clases magistrales: el sirilankés Asoka Handagama, el francés Denis Lenoir, el vietnamita Lam Le y el inglés Mike Hodges, quien tal vez es más recordado por haber llevado a la pantalla en los ochenta al personaje de Flashgordon con música de Queen.

En el marco del Festival de Cine de Amiens tuvo lugar también la edición 18º del Fondo de Desarrollo de Guiones, actividad con la que se busca contribuir a la realización de proyectos de calidad. Este año 2013, se seleccionaron 19 proyectos de los cuales siete son latinoamericanos: Dolores de Gonzalo Tobal (Argentina); Carmen de Aarón Fernández (Brasil-México); Asilo de Jaime Osorio Márquez (Colombia); El sabor que nos queda de Mónica Bravo (Colombia); Sansón de Pavel Quevedo Ullauri (Ecuador); Tempestad de Tatiana Huezo (México); y La familia de Gustavo Rondón Cordova (Venezuela). Los restantes pertenecen a realizadores de África, Asia, Europa del Este, Francia y Haití. Los 4 premios de 10.000 euros fueron otorgados al venezolano Rondón Córdova, a Idriss Diabaté (Costa de Marfil), a Gaya Jiji (Siria) y a Nora Martirosyan (Armenia). Asimismo se otorgaron 7000 euros al proyecto francés Danse silencieuse de Pradeepan Raveendran.

El festival fue una verdadera fiesta de encuentros, descubrimientos, buen cine. Felicitaciones a Jean Pierre Garcia, creador del festival, y a Fabían Gaffez, Director Artístico en esta edición 2013, que supo mantener el ritmo intenso y la pasión por el trabajo bien hecho desde el primer día hasta el último, sin improvisaciones y con gran calidez.

Antes de finalizar, cabe hacer una merecida mención a la obra de un joven realizador que integró la retrospectiva Tulsa Oklahoma. Se trata del indoamericano Sterlin Harjo. Tanto su primer cortometraje (2004) Goodnight Irene que se desarrolla en una sola locación, una sala de espera de un centro asistencial como su largometraje Barking Water (2009) destacan por su calidad fílmica y gran expresividad cinematográfica. Emocionan sin sensiblería e invitan a la reflexión profunda sobre la vida y la trascendencia humana.