México, 18 de octubre 2007 (Edgar Rubio) - El cine de autor, de calidad y búsqueda espiritual, fue presencia viva en la edición 64 del Festival Internacional de Cine de Venecia.

La mostra nació en 1932 y cumplió, en 2007, su 75 aniversario. Este año, en la sección, oficial se presentaron 22 largometrajes a concurso.

Los filmes evocaron las preocupaciones de una amplia gama de cineastas, sus dilemas éticos... En conjunto, la selección constituye un eco del estado espiritual del mundo.

Lo inefable se reveló en imágenes, personajes, historias, poesía. Como en la búsqueda del hijo perdido ( In the valley of Elah de Paul Haggis), la vida comunitaria ( La graine et le mulet de Abdellatif Kechiche), el dilema del tráfico de personas ( It's a Free World de Ken Loach), la insatisfacción corpórea ( Help Me Eros de Lee Kang Sheng), la tragedia de la guerra en Iraq ( Redacted de Brian de Palma), la expiación ( Atonement de Joe Wright), el sacrificio ( Lust, Caution de Ang Lee), la verdad ( 12 de Nikita Mikhalkov), la crítica al corporativismo ( Michael Clayton de Tony Gilroy), la historicidad de la traición ( The Assasination of Jesse James by the Coward Robert Ford de Andrew Dominik), el arte ( Nightwaching de Peter Greenaway), el amor ( Les amours d'Atrée et de Céladon de Eric Rohmer), la poesía ( The sun also rises de Jiang Wen), la venganza ( Sleuth de Kenneth Branagh), el sofisma del éxito profesional ( Il dolce e l'amaro de Andrea Porporati), la locura ( Nessuna qualitá agli eroi de Paolo Franchi), la justicia ( Chaos de Youssef Chahine), la contracultura ( I'm not there de Todd Haynes), la anomia social ( L'ora di punta de Vincenzo Marra), la comedia ( The Darjeeling Limited de Wes Anderson), el encuentro ( En la ciudad de Sylvia de José Luis Guerín) y la codicia ( Sukiyaki Western Django de Takashi Miike).

¡Un cuerpo de obras humanas valiosas, llenas de vida, de intensidad y dramatismo!

A ellas se sumaron las películas de las secciones paralelas, el homenaje a la tradición del western a la italiana, las preseas al maestro Bernardo Bertolucci (León de oro del 75 aniversario del festival) y al cineasta Tim Burton (León de oro a la trayectoria).

Durante La Mostra se recordó la memoria fílmica del gran maestro del cine: Michelangelo Antonioni.

Uno de los momentos más emotivos del Festival fue la entrega del León de Oro del 75 aniversario del Festival a Bernando Bertolucci, quien entró a la Sala Grande del Nuevo Palazzo del Cinema apoyando sus pasos en una andadera, llorando. De Bertolucci se exhibieron dos obras centrales de su filmografía: Strategia del ragno y La via del petrolio.

Este año el jurado SIGNIS del festival de Venecia fue integrado por Peter Malone (UK), Richard Leonard (Australia), Cynthia Chambers (US), Michèle Debidour (Francia), Edgar Rubio (México), Massimo Giraldi y Valerio Sanmarco (Italia).

Precisamente, el premio SIGNIS del Festival fue para la producción norteamericana In the Valley of Elah (Estados Unidos, 2007) de Paul Haggis.

In the Valley of Elah . Un padre, convencido de sus valores cívicos, es enfrentado a una verdad terrible. Uno de sus hijos, después de regresar de combatir en Irak, desaparece.

El segundo largometraje del director y guionista Paul Haggis ( Crash , Estados Unidos-Alemania, 2005) es la búsqueda de una verdad concreta en una nación que experimenta el eufemismo de la guerra por la libertad, y la tragedia del sacrificio de sus hijos y de la pérdida de la esperanza.

El filme pinta, vía un estilo narrativo clásico, la conversión humana de un hombre sabiamente interpretado por Tommy Lee Jones, quien se esfuerza cada instante por observar, entender y elegir.

La media vuelta, la responsabilidad histórica ante el estado del mundo y la aceptación de la culpa, son constantes en la vida de los hombres y mujeres que convergen en este filme sobrio y hondo.

In the Valley of Elah es una película entrañable que habla de todas nuestras guerras y todas nuestras víctimas.

También se emitieron menciones especiales para las películas It's a Free World de Ken Loach y para La graine et le mulet del director franco-tunecino Abdellatif Kechiche.

It's a Free World toca una de las preocupaciones centrales de la sociedad humana: el tráfico ilegal de personas.

Los protagonistas son sometidos a un cuerpo económico decadente: Los patrones buscan mano de obra barata y recurren a los guetos de la migración ilegal para obtener esta fuerza de trabajo al menor costo posible. En medio de este entorno inhumano, una madre soltera decide fundar una agencia de colocación de migrantes.

En su conciencia femenina se dibuja un dilema ético actual: las fuerzas del mercado y la acumulación, versus la posibilidad de ser solidario y tender la mano al otro migrante que la solicita con urgencia.

La sabiduría de Loach permite la construcción de una obra con una narrativa cinematográfica sólida, con una amplia gama de matices emocionales y donde la esperanza es el hilo conductor que alienta y vivifica la vida de esta mujer, la de sus amigos y la de los desplazados de distintas zonas del mundo.

La graine et le mulet es la segunda película de Abdellatif Kechiche, en su filme están presentes las tradiciones de una comunidad musulmana de emigrantes apostada en Francia meridional.

Sus gestos, su comida, sus diálogos, su forma de ser son retratados de manera cruda, sin afeites.

En especial, la historia de vida del jefe de familia, Simaline, quien es despedido de su empleo en una constructora naval.

Gracias a la solidaridad de su familia y amigos, Simaline renace y busca abrir un restaurante en un barco adquirido con los ahorros de toda su vida.

El bello título de esta película evoca una comida tradicional (cuscus) y es la referencia simbólica al encuentro de lo humano en la música, la poesía, la danza, los enlaces familiares, el amor...

El conjunto de las obras presentadas en Venecia son documentos importantes para observar el desencanto generacional con el estado del mundo, para recoger aspiraciones espirituales presentes en gran cantidad de filmes, y para recrearnos en las múltiples posibilidades que ofrece el lenguaje cinematográfico.

También, fue posible apreciar un dilema presente en el arte de nuestra época: se privilegia la forma por sobre el fondo. Uno termina por preguntar ¿para qué tanta creatividad invertida?, ¿para qué tanto cuidado en la fotografía, en los movimientos de cámara, en la actuación?, ¿para qué tanto rigor en la construcción del lenguaje? Si todo se agota al momento del encendido de la sala y no resuenan las imágenes en nuestra conciencia.

Para fortuna de todos, es posible ver películas donde la evocación espiritual sigue siendo la voz viva y de sentido, presente en obras de arte auténticas y trascendentes.

En Venecia, frente al mar Adriático, en la oscuridad de la aplanadora hollywoodense, el misterio luminoso encarnado sobre una pantalla blanca siguió esta pauta de vida, donde aún es posible mirarnos y redimirnos.