(SIGNIS) Este artículo se basa en un relato personal de Bill Falakaono, miembro de SIGNIS en Tonga, luego de la explosión del volcán Hunga Tonga-Hunga Ha'apai ubicado a unos 65 kilómetros al noroeste de la capital Nuku'alofa.

En la noche del 15 de enero de 2022, la ligera brisa oceánica que atravesaba la isla de Tongatapu era normal, quizá sólo un poco más caliente de lo habitual. Era la última hora de la tarde y Bill Falakaono acababa de llegar a casa de un taller de preparación para su Sínodo Diocesano de septiembre de 2022. A esa hora, los sábados, suele llevar a sus nietos a dar un paseo por la playa. En lugar de ir a la costa, visitó a su prima, cuya casa estaba en una ladera y donde se podía sentir mejor la brisa. El clima se estaba poniendo aún más agradable y los niños salían corriendo de la casa emocionados.

Minutos más tarde, Bill se dio cuenta de que el cielo comenzaba a verse un poco diferente: podía ver un embudo de nubes blancas que se elevaban, pero, como su atención estaba enfocada en estos patrones extraños, una explosión masiva vino del noroeste, en dirección al volcán Hunga Tonga-Hunga Ha'apai.

Nunca antes había escuchado tal explosión; el volumen, la conmoción y el impacto eran nuevos para él. Bill llamó al resto de la familia y los instó a ir a la ladera para que pudieran estar a salvo de un tsunami. Su familia salió corriendo de su casa, dejándola abierta, sin empacar nada y corriendo por sus vidas para buscar refugio en un lugar más alto. Luego, después de una cadena de explosiones similares a tormentas eléctricas, las olas comenzaron a llegar a la isla.

El brillante día soleado, de repente, se convirtió en tinieblas. Una espesa ceniza volcánica nubló el cielo, convirtiéndose en una de las noches más oscuras que jamás había conocido. Finas piedras volcánicas comenzaron a caer como granizo sobre los techos y cubrieron todas las superficies del reino de Tonga, fenómeno que duró hasta el día siguiente.

No muy lejos, la carretera principal se llenó de vehículos que se dirigían a los puntos más altos de la isla. Como apenas podían moverse, la gente estacionó sus autos a los lados de la carretera y siguió caminando hacia arriba mientras los truenos retumbaban sobre ellos. La energía se cortó un poco más tarde, y eventualmente también los teléfonos.

A lo largo de todo este calvario, una estación de radio nunca dejó de transmitir en vivo desde sus estudios: Radio Tonga 90 FM. Si bien las partículas de hierro de la ceniza pesada dañaron la torre central de AM y muchas estaciones de radio, Radio Tonga tenía su propio generador de energía y logró transmitir toda la noche y la semana siguiente cuando el resto del mundo no podía comunicarse con Tonga. A unos 200 metros de los estudios, las olas del tsunami habían destruido casas y quebrado árboles en el paseo marítimo.

Radio Tonga trabajó incansablemente para conectar a las personas y brindar ayuda e información a todos los necesitados durante las horas oscuras de la erupción volcánica. Ofrecieron instrucciones para que las personas encontraran agua potable, alimentos y refugio, y brindaron asistencia en innumerables emergencias. Gracias a la valentía de su equipo, la voz de Radio Tonga se pudo escuchar en todas las islas y mantuvo viva la esperanza.

Los tonganos ahora están tratando lentamente de volver a la normalidad, pero la vida en Tonga nunca volverá a ser la misma. Muchos sufrieron pérdidas de sus hogares y seres queridos, y todos tienen que aprender a vivir de nuevo después de una experiencia verdaderamente impactante. Pero como dijo Bill: "Somos cristianos y tenemos algo llamado esperanza. Nuestra esperanza está enraizada en una presencia de lo alto, y nuestro espíritu tiene que seguir esperando".

 


Radio Tonga es una estación de radio y televisión propiedad del gobierno. Cuenta con dos estaciones de radio y un servicio de televisión que forman la Comisión de Radiodifusión de Tonga. La comisión trabaja en estrecha colaboración con la Diócesis Católica de Tonga, miembro de SIGNIS, y transmite cincuenta y dos programas de radio cada año.